De la responsabilidad social corporativa al reporte estructurado
Durante buena parte de las últimas dos décadas, la información sobre el desempeño ambiental y social de las empresas argentinas quedó confinada a memorias institucionales de circulación limitada, sin un formato comparable entre compañías ni sujeta a algún tipo de verificación externa. Ese panorama comenzó a cambiar cuando organismos internacionales de normalización y algunas bolsas de valores empezaron a exigir divulgaciones más estructuradas a las empresas que buscaban acceso a mercados de capital o cadenas de proveedores globales.
En Zephyr observamos que la presión no proviene únicamente de la regulación local, todavía incipiente en esta materia, sino de exigencias contractuales impuestas por clientes y financiadores internacionales. Una compañía exportadora de agroalimentos, por ejemplo, puede verse obligada a reportar su huella de carbono o sus políticas de gestión de residuos porque así lo exige un comprador europeo, incluso si la normativa argentina todavía no contempla esa obligación de manera explícita.
Qué contienen habitualmente estos informes
Aunque no existe todavía un estándar único de aplicación obligatoria en el país, la mayoría de los reportes ESG que analizamos comparten una estructura similar: una sección ambiental con datos sobre consumo energético, emisiones y gestión de residuos; una sección social con indicadores de dotación de personal, diversidad y condiciones laborales; y una sección de gobernanza con información sobre composición de directorios, políticas anticorrupción y mecanismos de control interno.
- Métricas ambientales cuantificadas, como consumo de agua, energía y generación de residuos por unidad de producción.
- Indicadores sociales sobre composición de la plantilla, capacitación y accidentabilidad laboral.
- Políticas de gobierno corporativo, incluyendo independencia del directorio y canales de denuncia interna.
- Objetivos de mediano plazo y su grado de cumplimiento respecto de períodos anteriores.
La discusión sobre la verificación externa
Uno de los debates más activos entre los profesionales que entrevistamos para este análisis es el grado de verificación que deberían tener estos informes. A diferencia de los estados contables tradicionales, sujetos a auditoría externa obligatoria en determinados casos, los reportes de sostenibilidad todavía circulan mayormente sin un aseguramiento comparable, lo que genera dudas sobre la comparabilidad entre empresas y sectores.
Algunos estudios de auditoría en Buenos Aires ya ofrecen servicios de revisión limitada sobre estos informes, aplicando procedimientos analíticos similares a los que usarían para una revisión de estados contables intermedios. Se trata de un mercado incipiente, pero con potencial de crecimiento a medida que más empresas necesiten dar cuenta de sus compromisos frente a inversores y organismos de crédito.
"La sostenibilidad deja de ser un anexo voluntario y empieza a integrarse a la conversación que las empresas tienen con sus auditores, sus bancos y sus principales clientes."
Implicancias para los equipos contables
Para los departamentos contables, la incorporación de reporting ESG implica coordinarse con áreas que tradicionalmente no dialogaban de forma cercana con finanzas, como recursos humanos, seguridad e higiene o relaciones institucionales. Recolectar y consolidar datos no financieros con el mismo nivel de rigor que se aplica a la información contable tradicional exige nuevos sistemas de control interno y, en muchos casos, capacitación específica del personal.
En Zephyr seguiremos monitoreando la evolución de este fenómeno, especialmente en la medida en que surjan lineamientos más concretos por parte de organismos profesionales argentinos sobre cómo estructurar y verificar esta información.